Estudios anteriores han revelado que la región del Caribe ha obtenido en valoraciones un «nivel excepcionalmente alto de crímenes violentos», tal como sostuvo un informe publicado hace cuatro años por el BID, cual nos dio una rara perspectiva de las causas de la actividad criminal en la región, rescatamos un extracto de esto con el propósito de ayudar a crear políticas de seguridad más estratégicas.
El estudio citado reveló que por lo menos uno de cada diez habitantes de por lo menos un país caribeño había sido victima de delincuencia común en 2017.
El informe analizó encuestas de victimización de usuarios de 2014 y 2015 en las Bahamas, Barbados, Jamaica, Surinam y Trinidad y Tobago, concentrándose en cinco delitos: robo de autos, robo con allanamiento de vivienda, atracos, robo personal y agresión o amenazas de agresión. (Vea el resumen ejecutivo insertado al final de este artículo.)
El informe hacía énfasis en la prevalencia de la violencia en estas naciones caribeñas, y halló que aproximadamente uno de cada tres encuestados había perdido a alguien por la violencia. Pero esas tendencias fueron más acentuadas en algunos países —y en particular sus capitales— que en otros.
Aunque las tasas de homicidios en las Bahamas, Jamaica y Trinidad y Tobago fueron «comparables a las de países con conflictos armados», con una tasa superior a 30 homicidios por 100.000 ciudadanos en 2013, Surinam y Barbados han tenido tasas de homicidios relativamente bajas.
«El Caribe no tiene un problema de criminalidad, tiene un problema de violencia» – autora del informe del BID Heather Sutton
Las tasas de homicidios mostraron correspondencia con la prevalencia de la delincuencia común: en las capitales de los tres países con mayor número de fatalidades, los residentes tenían también más probabilidades de ser victimizados, mientras que en Surinam y Barbados los indicadores de atracos y agresiones fueron menores.
La tendencia común más acentuada entre los países fue la de tasas anormalmente elevadas de agresiones y amenazas de agresión, que son mayores en el Caribe que en cualquier otra región, según encuestas similares.
Pero para casi todos los delitos relacionados con robo, estos países caribeños se situaron por debajo de la media global. Esto contrasta con el resto de Latinoamérica, que exhibió una prevalencia de robos por encima de la media.
Según el informe, las encuestas de victimización como las usadas por los autores ofrecen una imagen más completa de la dinámica de seguridad en el Caribe que los estudios sobre criminalidad que por lo general se fundan en informes de policía, dado que aproximadamente apenas la mitad de los crímenes se denuncia ante la policía.
En Republica Dominicana en el ultimo año, de febrero a la fecha ha habido una tendencia creciente de crímenes violentos que dejan mal parada a la policía nacional, encuestas recientes revelan que la población tiene una percepción mala o muy mala sobre la gestión y control de las autoridades a lo interno en ese organismo. Encuestas revelan también que la población dice sentir miedo cuando un policía le para en las vías.
La disponibilidad de armas de fuego también juega un rol importante. En los países con las mayores tasas de homicidio y de delincuencia común, el mayor porcentaje de los delitos involucraba armas de fuego. Latinoamérica y el Caribe es la región con la mayor tasa de posesión de pistolas y revólveres después de África, según las encuestas estudiadas.
Sutton quien es la autora del informe arriba citado, y su equipo, animan a los gobiernos caribeños a que traten de replicar iniciativas de prevención de la violencia que han resultado exitosas en otros países. Estas incluyen métodos de vigilancia policial «inteligentes», como uno aplicado en Trinidad y Tobago con apoyo de la Universidad de Cambridge, del Reino Unido, que intensifica las patrullas en zonas y horas de alto riesgo. Los resultados mostraron una reducción de 44 por ciento en la violencia en las zonas elegidas, lo que ofrece potenciales lecciones que pueden aprender las islas vecinas.
